Fiesta de Cristo Rey


Los Cultos en honor al Señor Amarrado a la Columna son celebrados en la Eucaristía que tiene lugar en el mes de Noviembre coincidiendo con la festividad de Jesucristo Rey del Universo.

Durante todo el día quedará expuesta en besamanos la imagen del Señor Amarrado a la Columna.

Descripción Iconográfica Cultos 2016


En este año 2015, el altar de cultos dedicados a Nuestro Señor Amarrado a la Columna con motivo de la celebración de la Festividad de Jesucristo Rey del Universo (promulgada por el Pontífice Pío XI el 11 de diciembre de 1925 a través de la encíclica Quas Primas) tomaron como fuente de inspiración para su montaje la escenografía de la ceremonia del besamanos.

Adoptado de la realeza, el acto del besamanos hacia las representaciones sagradas de Jesucristo y su Santísima Madre a lo largo de la historia, tiene su origen la civilización Persa, donde ya se veneraba a los emperadores. Esta costumbre fue introducida en la Iglesia por el Papa Constantino I, que estableció el besamanos como saludo protocolario. Esta costumbre se extendió entre la Realeza, que se exponía en besamanos en los distintos actos de la Corte.

Por ello, en pleno presbiterio barroco de la Parroquia de San Francisco y San Eulogio, surge la recreación de un salón de trono de esencia sobria, austera y elegante, presentando reminiscencias palaciegas y aires clásicos. Presidiendo este noble escenario, se encuentra la majestuosa figura del Rey, reflejada en Nuestro Señor Amarrado a la Columna, al que nos acercamos a besar su mano en acto de fidelidad y respeto.

Tras Él, un regio dosel se alza para arropar el espejo que refleja la espalda herida y flagelada de Cristo, mostrándonos así la redención y sacrificio que tomó por nuestra salvación eterna. Bajo el espejo como centro vertebrador del efímero altar sobre un regio cojín, reposan los exvotos propios del rey pero en este caso los del Rey de reyes, el varón de dolo- res, corona de espinas, cetro de caña y la purpurada clámide;

“Lo desnudaros y le echaron encima un manto púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza, y le pusieron en la mano derecha una caña; después, doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: ¡Salve Rey de los judíos!” (Mt 27, 28-30)

Sobre la mesa, se recrea el altar del sacrificio Eucarístico, teniendo como eje central, a Cristo crucificado y las tres “sacras”, textos que rubrican la misa según el rito extraordinario. Las sacras tienen su auge tras el Concilio de Trento, con la celebración de las misas tridentinas, celebradas de cara al altar, orientado al Este, hacia donde miraban todos los altares mayores de las parroquias.

Dirigiendo nuestra mirada hacia el Señor, lo encontramos des- nudo, maniatado, está siendo flagelado. Su túnica “reluciente” como marca la Biblia, está tendida en el suelo al igual que el flagelo, símbolo del castigo al que está sometido.

“Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y lo remitió a Pilato.” (Lc 22, 11)

“Y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para qué fuera crucificado.” (Mt 27, 26)

Consumando el altar se encuentran los elementos ornamentales como los cirios y las flores que honran la figura de Cristo engalanando su realeza y cumpliendo el significado litúrgico que le es atribuido a cada símbolo.

“Nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y humillado. Mas fue herido por nuestras faltas, molido por nuestras culpas. Soportó el castigo que nos regenera, y fuimos cura- dos con sus heridas.” (Isaias 53, 5)

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