Si ya hemos visto las llagas de Cristo,
¿cómo no sentirlo a nuestro lado?
Él está aquí, en cada caída
y en cada signo de esperanza.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
(cf. Sal, 117; Jn 20, 19-31. II Domingo de Pascua)

El Ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te Salve María…
 
He aquí la Esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Dios te Salve María…
 
El verbo se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Dios te Salve María…
 
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
 
Infunde, Señor tu gracia en nuestros corazones para que cuantos, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz lleguemos a la gloria de su resurrección.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.