Necesito tus manos

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Señor,
necesito tus manos
para seguir bendiciendo,
necesito tus labios
para seguir hablando,
necesito tu cuerpo
para seguir sufriendo,
necesito tu corazón
seguir amando.
Te necesito
para seguir salvando
a los hombres mis hermanos.
(M. Quoist)
No te quedes en el “por qué” paralizante, sino pasa al “para qué” constructivo.
Que tu sufrimiento te haga más rico en solidaridad con todos los tocados y hundidos del mundo. (Formación pastoral de la salud)